miércoles, 4 de diciembre de 2013

090.12* GUSTAVO DÍAZ SOSA. HUÉRFANOS DE BABEL. GALERÍA BAT ALBERTO CORNEJO. María de Guzmán, 61. Madrid






Pertenece este pintor a ese grupo de artistas plásticos de la postmodernidad, que toma el neo-expresionismo, como medio para manifestar y opinar sobre la fenomenología existencial en la que el hombre, residenciado en los dominios de la ley y el orden, se encuentra sub-juzgado y oprimido por esa ley y ese orden y, sobre todo, por aquellos encargados de velar por su cumplimiento.


Son estos los que se valen de las inquietantes y poderosas estructuras creadas ad hoc, con las que se imponen decisiones, se articulan procesos y se paraliza el ejercicio del libre albedrio de aquellos, para los que, y en  protección de sus derechos, se promulgaron las normas, proclamando la salvarguardia de los mismos, sin que pueda contraponerse asertividad alguna, por no encontrar oidor que escuche.

Es la burocracia, el piélago de normas e instrucciones, la ausencia de empatía y comprensión. Inversamente, es el sentir la impotencia, el grito que no se escucha, el vacío, la insignificancia. Es, al fin, el universo kafkiano y su existencialismo angustiado y angustioso.

Todo eso y más y más, expresan en su narrativa plástica, con su particular lenguaje pictórico, los cuadros de Gustavo Díaz Sosa, (Sagua la Grande, Cuba. 1983), que con su paleta fría, nos lanza gélidas denuncias a los ojos, pero punzantes a la mente y candentes al corazón, en los que los seres humanos quedan reducidos insistentemente a pequeños bultos, semejantes a hormigas domesticadas, y siempre observados, vigilados desde arriba, en ominoso picado, domeñando aún más su pequeñez, agónicamente sometida a unas arquitecturas, que con su verticalidad aumentan más su insignificancia y su nada. Efecto aumentado por el empleo inteligente de unas perspectivas resueltas con notable talento.

Participa este pintor de las mismos sentimientos, que explosionaron, quizá esta la palabra más adecuada, con el neo-expresionismo de Baselitz y Keifer, cuyo paradigma ha sido aceptado en la post-modernidad por numerosos artistas, que han elegido esta pauta para dar salida a sus percepciones y reflexiones sobre la humanidad, que se duele de las heridas que así misma se ocasiona. Y es precisamente en la América del Sur, donde esta simiente ha germinado de forma notable. Aquí ya hemos tenido ocasión de hablar sobre dos interesantes artistas, incluidos en esta línea de acción pictórica: Del mejicano Juan Sebastián Barberá Durón y del también cubano Carlos Boix, ambos con sus fuertes personalidades. Como lo es la de Díaz Sosa, que se expresa con fuerza y convicción estética.

1 comentario:

  1. Me gustan los cuadros originales de Gustavo Díaz Sosa, son muy interesantes e inquietantes a la vez, como p.ej los de la serie Gente Maravillosa. Así que gracias por este post ;)

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